lunes, 3 de noviembre de 2014

XLVIII - Valentín o menos lobos, caperucita


La niña avanzaba inocente por el bosque, su caperucita roja brillaba bajo la luz de la luna llena, tenía que llevar esa cesta a la casa de su abuelita y se le estaba haciendo tarde. Aceleró el paso y al amparo de las sombras entró por el zaguán.

La anciana estaba bastante cambiada, llevaba el mismo camisón y el moño de siempre, pero ahora lucía una espesa mata de vello, unos ojos brillantes y afilados colmillos. Después de que Caperucita le interrogase sobre su cambio de look, la anciana saltó de la cama y se lanzó directamente sobre la yugular de su nieta. La chica reaccionó rápido, sacó la pistola que guardaba en la cesta y disparó.

¡¡B
..A
..N
..G!!
-Lo siento abuela, pero he llegado demasiado tarde.

La abuela expiraba en el suelo con la bala de plata alojada en pecho, poco a poco perdió el pelaje, fueron desapareciendo las garras y los dientes y recobró su aspecto humano, el que tenía antes de ser mordida.

A que así tiene mucho más sentido que en el original ¡Y entonces Blanca Nieves tenía narcolepsia! será mi vocación de destroza mitos.


Encontrado navegando una noche de insomnio.

“Menos Lobos Caperucita”, reza el dicho. Alude al conocido cuento de Caperucita y el lobo, y se dice cuando no nos creemos lo que alguien cuenta o la disculpa que nos da; también se emplea para referirse a una persona que se da más importancia de la que tiene. Viene a ser la frase, cómo indicar a un personaje (bien sea célebre o no) la actitud que muestra ante sus acciones, dándose auto bombo y haciéndose de rogar.

Es una cosa rara, o por lo menos curiosa, que siendo uno como es y teniendo contados amigos que pueda llamar como tales, lo cierto sea que la mayoría son mujeres, excelsas por otra parte, y que los menos sean hombres, no menos excelsos; pero se da la circunstancia de que de entre ellos no hay casi ninguno que tenga la misma afición al sexo masculino que yo, o sea que mis amigos son por lo general héteros, pese a la tónica habitual. De entre ellos hubo uno, que ya no lo es, cuya principal cualidad era, y es, la de ser poseedor de una polla enorme: Valentín, como habréis supuesto.

Hay que perderle el respeto a esta palabra, es sonora, poco descriptiva, yo desconozco la raíz, mucho más plástica es rabo, o verga, o incluso cola que parece un tanto venial; polla se queda a medio camino entre lo malsonante y lo cotidiano, es una acepción muy española, en otros países de habla castellana la polla no es más que una apuesta entre un grupo de amigos o parroquianos, una porra que decimos aquí.

Como se mide:
La manera correcta de medir una polla en medicina es usando una cinta métrica. Con la polla en erección se sitúa la cinta por encima de la misma, con el inicio en el punto en que se inserta en el pubis y se mide hasta la punta. Para medir su grosor se rodea con la cinta métrica en la zona donde sea más gruesa (nunca alrededor del glande o cabeza)

Estimación visual a falta de cinta métrica:
Para estimar visualmente el tamaño de una polla no hay mejor indicador que la distancia a la que queda la punta del glande en erección del agujero del ombligo. Todos los hombres tienen una distancia desde el punto en el que sale de la pelvis hasta el agujero del ombligo de entre 17,5 y 18 centímetros pudiendo haber una variación de 1 cm arriba o abajo dependiendo de la altura del individuo. Lo normal es que no llegue.


Pues así a bote pronto lo de mi amigo, que lo fue, era un pollón; recuerdo un día en la playa, con la cosa del sol y el calorcito de Alicante, en que a la criatura se le encabritó el asunto y francamente, uno que ha visto muchas,  he de deciros que aquello era digno del Guiness, era casi amenazante aquel pedazo de carne brillante, desafiando al sol y al sunsuncorda. Él, claro está, lo llevaba muy a gala, se ufanaba en cualquier ocasión de haberse tenido que separar de su mujer porque ella no era capaz de acoger semejante ariete. - Tengo que poner una toalla por entre medio para no hacerle daño -  decía, ante el alborozo de la concurrida y por supuesto masculinísima concurrencia, que dicho sea de paso, le envidiaba sanamente.

Mucho se ha dicho y se ha escrito sobre el tamaño, sí importa o no importa, a mí la verdad es que es un tema que me trae bastante sin cuidado, claro, una cosa hermosa y bien constituida es cuando menos una cualidad más a valorar, pero francamente no me parece algo decisivo, creo que hay mucho de mito y mucha inseguridad agazapados tras estas disquisiciones, que todavía se magnifica más en el mundo gay, y es todo tan relativo... Hay quien asegura que las dimensiones guardan una relación con el tamaño de las manos o la forma de la nariz, incluso los hay que aseguran poseer un se xxx to sentido para presumirlas observando las facciones - yo lo noto en la cara - dicen, no sé, pero un servidor carece de ese don y sin desmerecerles diría que todo esto no son más que supercherías; después de tentar y catar varias docenas a lo largo de mis viajes, no he podido establecer ningún signo externo que sugiera nada de esto y, salvo excepciones, he de deciros que no he encontrado muchas diferencias; alguna vez tropecé con alguna un poco más pequeña, incluso recuerdo una realmente infantil, también encontré algunos ejemplares realmente importantes, como la de Valentín ninguna, a no ser en algún video porno que con tanto truco y tanto forzar el plano no es muy de fiar.

Quiso la fortuna que me diera por montar un restaurante, un sitio la mar de cuco y la mar de moderno, con una carta atrevida y exquisita, unas camareras guapísimas y tres socios, los tres chicos, los tres amigos, los tres machísimos, los tres dejaron de serlo, amigos quiero decir. Son cosas de la vida, con toda la ilusión y muchísimo esfuerzo logré por fin inaugurar un local en el que, con los otros tres, era el dueño.

Con lo que a mí me apetecía un sitio de cebra naranja, lo tenía metido en la cabeza después de haber visto un anuncio de una colonia de "Beverly Hills", So you, y como soy tan cabezota no paré hasta conseguirlo. Lo parí enterito, el concepto, la imágen, mesas tapizadas, sillas de Ikea, y la cebra naranja, lo que me costó encontrar un sitio donde me hiciesen un plotter como a mí me parecía, lo conseguí, la inauguración una pasada, music hall incluido, y encima, mis tres alemanas divinas que vivían en la casa de Atocha me dieron la sorpresa de venir vestiditas de naranja para servir el lunch de bienvenida, un regalazo.

Menudo trabajón el restaurante, porque ale, levántate con las gallinas y vete a la lonja, luego al mercado, después a cocinar, por la tarde a ponerse divino y no perderse ningún sarao para ir haciendo agenda, por la noche que si hay que recoger a los artistas y controlar la cocina, por si fuera poco hay que encontrar tiempo para los proveedores, para una cuña en la radio, o para las salseritas que faltan que se nos han pasado, floristería, limpieza..., una barbaridad, que había días que se me hacían las dos o las tres y a las seis de la mañana ya estaba peleando por la última caja de gambas de Denia.

Un exitazo, los fines de semana todo reservado, la Navidad todo completo, y eso que el ayuntamiento había levantado la calle para instalar la fibra óptica de las narices, con todo y con eso el asunto iba de viento en popa, los más divertidos venían a cenar con nosotros, se mezclaba todo el mundo, como a mí me gusta, los modernos con las rubitas esas de los reflejos tan del PP, las marimilitantes rapadas con sus calvin asomando y sus mariliendres,  con el equipo de water polo o los amigos de mis padres, y eso que no estábamos muy seguros de como acogería nuestra ciudad de las palmeras y las paellas a los berberechos con gelatina de mar y aire de jamón o a la morcilla con pera confitada y pecanas, en realidad eran mucho más osados para los menesteres del paladar de lo que en un principio parecía.

Y sin embargo la caja no era todo lo boyante que debiera, después de pagar y pagar, como se acumulan las facturas en estos negocios, no nos quedaba casi nada a repartir, tanto esfuerzo y a la hora de la mandanga era casi estéril, algo no cuadraba. Y la caja era casi lo único que no estaba a mi cargo.

Una noche agotadora, inauguración en la feria del calzado, cena de modelistas de Elda, menú largo, doce platos, parabienes y copas, acabo tardísimo, rendido, cuando llego a casa lo que faltaba, me he olvidado las llaves, así que vuelta al restorán, abro la puerta, que raro la alarma está desconectada, bajo al salón y ¡sorpresa! mis tres socios de party, botella de champán francés y tres rusas tres, de las de trescientos leuros el polvo, hilé rápido, así ya me va cuadrando la caja, monto la de diosescristo y los emplazo al día siguiente, vienen dos, el hombre elefante no viene,. Después de discutir con bastante vehemencia rompemos la baraja y el restaurante se va por el sumidero de la decepción, todo ese trabajo y todo ese dineral perdidos, mi confianza maltrecha y tres amigos menos. Al que menos entiendo es a Valentín que aún hoy es el día que si le llamo no me coge el teléfono.

Han pasado ya cinco años y en el último viaje a Alicante me la presentan, es la ex de mi ex amigo y ex socio, del fenómeno de las tres piernas. Curiosamente lleva un canguro, uno de esos chubasqueros que se pliegan y se guardan en un bolsillo, de color rojo, con la capucha puesta. Llueve a cubos como suele llover en mi tierra.

- Así que tú también sufriste a mi ex.
- Si hija, sí, ya te hacía yo de otra forma - La verdad es que era divina y protésica de sordos, lleva una empresa de sonotones alemana y tiene bastante clase y una cultura competente.
-A saber que te habrá contado - Le cuento lo que de ella decía y de lo que me pasó con él, que es el único que no da la cara.
- No me extraña, pero imaginarás que no nos separamos por eso, sino porque como comprobaste por ti mismo tener tiene un pollón pero no tiene cojones.

Este carnaval nos dio a mi amiguísima amiga Leva y al que os escribe por vestirnos de caperucita y el lobo, y será porque será pero desde que me ronda el personaje no dejo de acordarme de esta historia.




XLVII - Paco o el perro del hortelano


Cierto que vuseñoría
— perdóneme si me atrevo —
tiene en el jüicio a veces,
que no en el entendimiento,    
mil lúcidos intervalos.
¿Para qué puede ser bueno
haberme dado esperanzas
que en tal estado me han puesto
—pues del peso de mis dichas   
caí, como sabe, enfermo
casi un mes en una cama
luego que tratamos desto —,
si, cuando vee que me enfrío,
se abrasa de vivo fuego,
y, cuando vee que me abraso,
se hiela de puro hielo?

El perro del hortelano -  Lope de Vega y Carpio

Los perros no suelen ser vegetarianos (es decir, que las verduras no suelen estar en su dieta) así que son unos buenos guardianes para  un huerto,  no se comerán las verduras y tampoco dejarán que otros animales  se acerquen para comérselas. Por eso se dice que el perro del hortelano ni come (porque no se las come,  las verduras de su amo se entiende) ni deja comer (porque no deja que otros se las coman, las verduras naturalmente.


XLVI - Madonna o El trono y el tronío


Material Girl

Some boys kiss me, some boys hug me I think they're O.K. If they don't give me proper credit I just walk away
They can beg and they can plead but they can't see the light, that's right 'Cause the boy with the cold hard cash is always Mister Right, 'cause we are
Living in a material world and I am a material girl you know that we are living in a material world and I am a material girl
Some boys romance, some boys slow dance that’s all right with me If they can't raise my interest then I Have to let them be
Some boys try and some boys lie but I don't let them play only boys who save their pennies make my rainy day, 'cause they are
Living in a material world and I am a material girl you know that we are living in a material world and I am a material girl
Living in a material world [material] Living in a material world Living in a material world [material] Living in a material world
Boys may come and boys may go and that's all right you see Experience has made me rich and now they're after me, 'cause everybody's
Living in a material world and I am a material girl you know that we are living in a material world and I am a material girl
A material, a material, a material, a material world
Living in a material world [material] Living in a material world Living in a material world [material] Living in a material world

Chica Materialista

Algunos chicos me besan, otros me abrazan Creo que está bien Si no me dan buen rollo Simplemente me largo
Pueden rogar y pueden suplicar Pero no pueden ver la luz, eso es Porque el chico con dinero en metálico Es siempre el marido perfecto, porque
Vivimos en un mundo material Y soy una chica material Sabes que estamos viviendo en un mundo material Y soy una chica material
Algunos son sentimentales y otros bailan despacio Me va bien Si no pueden hacer crecer mi interés, entonces Les tengo que dejar en paz
Algunos chicos lo intentan y otros mienten, pero No les dejo jugar Sólo los chicos que se guardan su dinero Me hacen realmente feliz, porque
Vivimos en un mundo material Y soy una chica material Sabes que estamos viviendo en un mundo material Y soy una chica material
Vivimos en un mundo material [material] Vivimos en un mundo material Vivimos en un mundo material [material] Vivimos en un mundo material
Los chicos pueden venir y pueden ir Y está bien, sabes La experiencia me ha hecho rica Y ahora van detrás de mi, porque todos Vivimos en un mundo material Y soy una chica material Sabes que estamos viviendo en un mundo material Y soy una chica material

Material, material, material, un mundo material Vivimos en un mundo material [material] Vivimos en un mundo material Vivimos en un mundo material [material] Vivimos en un mundo material.


Sevilla,  anfitriona de postín cuajadita de joyas, la luz regalándose descarada, rebotando desde sus aceras imposibles, los camareros funambulistas de la impertinencia, la cerveza bien tirada y Madonna, buena perspectiva.

A veces las cosas ocurren por sí solas, uno está tan tranquilo en Madrid, diciéndole adiós a las mini vacaciones, con una pereza larga un poco perruna, miro desde el balcón como Atocha vomita gente después de la resaca del verano, un enjambre de coches tronando, el mar, mi mar tan lejos y tan reciente, suena el timbre, mi vecina, la de arriba, una abogada de mi quinta que también es artista, que vaya disgusto que tengo, las entradas sacadas desde ni se por si no quedan ,y precisamente el martes una reunión que llevo esperando un año, ya ves, mira que bonitas, con un dibujito metálico y todo, porque yo soy muy de Madonna aunque me veas tan morena, me encanta, tiene el punto putón perfecto pero es una señora, si yo supiera de alguien que quisiera ir le doy las entradas, que los billetes del AVE ahora voy y los devuelvo, pero las entradas, oye que lástima, no se puede.

Es como cuando cantas bingo, no me lo pienso, nena yo te compro los billetes del tren y me quedo las entradas y me voy a ver a Madonna, que Madrid me supura, ayer cayó una granizada que me aniquiló las macetas y tanto cadáver me da grima -¿lo dices en serio? - En serio nena, que me voy a ver a Madonna, y así fue, que ni más a punto, busco un hotel de los que a mí me gustan al ladito de la casa de Pilatos, le monto a Carles en el carro y en un pis pas está todo resuelto.

El lunes por la mañana tempranito al tren, en preferente, que mi vecina es de postín, y ya me pagarás los billetes, que no tengo prisa, la primera en la frente, buena señal, me toca el jodido asiento que tiene la mesa fija y no me caben las piernas, el aire acondicionado un poquito espartano, menos mal que me he puesto una chaquetilla, de esas de dos rayas en la manga, por aquello de ir metiéndome en el papel, una película espantosa de una estrella que se cae del cielo y resulta que es una rubia con un aire a la Igartiburu, la Pfeifer de bruja mala, y que si la toallita caliente, que si la naranjada de frenadol, que si la bandeja, y un caramelo más tarde en Santa Justa.

Hay ciudades que la primera vez impresionan, como Toledo o Santiago, hay otras, como Sevilla en las que cada vez, al encontrármelas de frente, tengo un instante de perplejidad, se me antojan inabarcables de tan bonitas, de tan complejas.

El hotel tal y como lo vi en internet, un patio con solera, bordado de geranios y de claveles, ¿cómo habrán conseguido evitar el gusanajo ese asqueroso que se los come aquí en Madrid?, la habitación con un saloncito y todo, y un balcón, lo abro y dos águilas coronadas de piedra, reventando de luz, me saludan desde la fachada de enfrente.

Una ducha y a la calle a hacer equilibrios por esas aceras en las que has de caminar chapí chapó porque no caben los dos pies de una sentada, los coches y las motos y las furgonetas y los autobuses como si nada. Voy reconociendo rincones, Boteros, la Plaza de la Alfalfa, escaparates con alharacas de flamenca y mantones de Manila made in Taiwan a precio de camiseta, otros de seda bordados a mano con precios imposibles y días de trabajo, mares de trajes de flamenca fusión con apuntes orientales y hasta del oeste, batas de cola, abanicos, y cervecita, tinto de verano y tapas, montañas de tapas, que son como la nouvelle cuisine pero a dos euros, o a dos cuarenta, las terrazas en esta fecha son habitables, puedes sentarte tranquilamente sin correr peligro de morir abrasado, una vez apagada la sed con tres o cuatro tintos de verano de blanca y una vez desterrado el regusto del maldito calabacín braseado del tren, que me había dejado un rastro de petróleo molestísimo en la boca, con unas croquetitas de ibérico, un chupito de ajoblanco y unas cortaditas de mojama ya tomo posesión de la situación más sosegado, Sierpes, la Catedral, en un rincón de la Judería un guitarrista magnífico, y la luz blanca blanquísima que lo ilumina todo con una generosidad muy cercana a la maravilla.

Vamos caminando sin rumbo fijo entre naranjos, inciensos y mierda de caballo, una combinación perfecta que me lleva del paraíso al cielo y del cielo al campo.
Sevilla ha decidido no quedarse obsoleta y de vez en cuando se salpica de edificios del siglo XXII, por lo menos, unos más afortunados que otros, aquellos más singulares, estos más cenicientos, pero entre todos consiguen   dar el mensaje, esta ciudad está viva, es mucho más que un museo.


Así a primera vista es como si Madonna hubiera nacido enfrentito justo de la Encarnación, toda la ciudad está pendiente, miles de detalles la anuncian y la arropan, y es fácil distinguir de los turistas a los que han venido al concierto, nunca había visto a Sevilla tan Chueca, parejas de chicos de la mano, grupitos de rapados camisetas tres tallas menos, y bermudas grandotas y chanclas, es como si se hubieran puesto de acuerdo, Carles y yo tenemos un ramalazo de estar fuera de tiesto con nuestras camisas y nuestros vaqueros.

Un guía de Lora del Río, habla de unas tapias con un alemán perfecto, una japonesa y dos gitanas se arrancan por bulerías, mientras dos negrazos descomunales se comen un helado gigantesco, me río yo de la expo.

Por la noche estamos agotados y caemos en la cama como dos fardos, las águilas coronadas nos miran como haciéndose cargo.

El día del concierto, despejado, unas tostadas con tomate y un buen café, vamos un poco de tiendas, en todas venden cinturones trenzados, de todos los modelos y con todos los materiales, trencitas y trenzotas, pero absolutamente todos con el mismo trabajo, al salir a la calle nos fijamos, los sevillanos se distinguen del resto, sin lugar a dudas, porque todas sus cinturas se adornan con un cinturón trenzado, eso nos facilita la cosa, si queremos preguntar basta con fijarse en esa prenda, si la lleva, a ese, que seguro que sabe por dónde se va a donde vamos, quedamos con MartaCorcho esa artista gráfica tan magnifica, no me extraña que su galería se titule "retazos de glamour" porque ella es glamour en estado puro, altísima, guapísima, con unos ojos enormes y un encanto que nos cautivan desde el primer momento, nos llevan a comer a un sitio ideal, carrilleras, boquerones, salmorejo, una delicia, luego un café en la calle Amor de Dios, Carles se atreve con una tarta de chocolate, yo hace años que no me permito esos desafueros, gracias Marta eres un cielo, y después de un ratito de stand by, al concierto.

La verdad es que a un servidor las multitudes así tan enormes le sacan un poco de sus casillas, así que iba un tanto prevenido, dos horas y media antes, un taxi, lo cierto  es que la entrada fue bastante racional, nada de agobios, eso sí, una hora antes la cerveza se había agotado, tres lederonas al cero con prismáticos de última generación delante y una chica cantando de telonera, algo me suena, pero soy un despistado y ni siquiera sé cómo se llama, tampoco se oye muy bien, dos M enormes de strass flanquean el escenario, la gente va llegando a oleadas, no se llena del todo pero casi, pensaba que habría menos gente dada la premura con que los reventas nos abordaron al bajar del taxi, ahora suena un dj, la gente corea el Sevilla del Bosé, muchos llevan camisetas de Madonna y hasta pelucas rubias y marabúes, una prueba de luces, y con apenas diez minutos de demora ella, a lo bestia, en plan dominatrix en un trono, hay que ser muy rubia y tener mucho coraje para salir entronizada en esta ciudad precisamente, desde el primer momento el espectáculo perfecto, cronometradísimo, ni un desliz, cuatro tiempos, cuatro mis en scene, apabulla con un Rolls, salta a la comba, juega a la niña mala, luego pega un giro y en un montaje de video art impresionante, a mí es lo que más me gustó, se suceden mensajes de ecumenismo y pazyamor, casi políticos, desde Obama a Santa Teresa de Calcuta, también los malos McCain, Bin Laden y el hambre, el ritmo, medidísimo, va in crescendo, otro twist y de repente una juerga gitana, rumana que no de Triana, con su violín, su zapateado, su bailaora y un mar de manos, perfecta, redonda, pregunta un tanto sorprendida si gusta o no gusta, debía ella de pensar, tan americana, que en Sevilla ese detalle iba a arrasar, pero la verdad es que íbamos a lo que íbamos, al Islabonita y al LikeaVirgin, de todas formas da lo mismo, la gente entregada, dos cilindros enormes de imágenes vertiginosas se transforman lo mismo en un castillo de fuegos artificiales que en una bola de fuego, ella lo borda, se sabe el papel al dedillo, unos momentos más íntimos, sola con una guitarra y a continuación la apoteosis, la gente delira.


Perfecto, irreprochable, como no sea por algún playback que creí entreoír, pero la verdad, yo creía que me iba a desbordar, que me haría exclamar y gritar y me quedé en el aplauso, una maravilla, una profesional perfecta, atletiquísima, con una melena sorprendente y unos músculos de kriptonita, pero eché de menos ese puntito macarra y transgresor que fueron los que la metieron en mi mochila para siempre, me fui satisfecho, se lo agradezco, pero me conmovió más la fe del público que su esfuerzo.

Mientras le pedían un bis y la luna se colaba por el agujero inmenso del techo, previendo la catástrofe de la salida nos fuimos yendo, mientras soñaba con la cruz ardiendo y los sirenos de otros tiempos.

Un caos, un absoluto desastre la salida, cientos de vallas colocadas inútilmente, un servicio de seguridad sin autoridad y diez taxis, exactamente diez taxis para cincuenta mil personas, cuando nos quisimos dar cuenta, que aunque estábamos al principio de la cola, ya se habían ido los diez y no iban a venir más, ya era tarde para la cola de los autobuses, llegaba hasta Katmandú, así que pertrechados de modelazo y zapatos de brillabrilla negros, excursión nocturna en hipermanada hasta el centro, tres cuartitos de hora no nos los quitó nadie, pero vaya, un poco de humor y un poco de paciencia y, tampoco fue tan grave, pero desde luego si a las autoridades les interesa promocionar este espacio para incluirlo en el circuito de macro conciertos deberían resolver este punto.

Sevilla pasada la medianoche como es natural era una fiesta, la alameda plagaíta de hombros bronceados y camisetas, llegamos a Ítaca que es la disco petarda mas estupenda, gran parada de las "más Madonna" y dos streapper, abarrotada, algunas caras me suenan, incluso he de dar varias veces dos besos, que si como iba a faltar, que si que divina, que si sí, que si no, las transfor un cuadro, una de gran tonelaje se hace llamar la Madonna de McDonalds, tiene gracia, se ríe de sí misma con un desparpajo muy sano, es la que más me divierte, las otras, en fin me ahorro el comentario porque el esfuerzo me da mucho respeto y mejor no comentarlo, los streappers, pues eso con buenos cuerpos rasurados y un gran... talento. Uno va de indio, el del talento más grande, y el otro de piloto de líneas americanas de Menkes, unos vodkas, unas risas, unas miradas, y con la placidez y la confianza que nos conceden tantos años, aquí mi costilla y yo nos concedemos un moscoso, me interno en la jungla de pestañas, me gustaba más la otra Ítaca, era más cutre pero más canalla, y después de varios intentos que se difuminan me tropiezo con una mirada picante delante de un rubio de cuerpo serrano, una cosa rápida y deportiva, pero satisfactoria, un cigarrito y una copa, - ¿eres de Sevilla? - sí, de aquí al laíto vivo en enfrente de la Cartuja, - ¿y cómo es que no llevas un cinturón de trenzas? - porque lo lleva todo el mundo, unas risas, - será por eso que te he visto, - no, te he visto yo, que ibas mu tieso,  - ¿y que has visto tú? pues eso, que no llevas chanclas, que llevas unas zapatillas negras de lentejuelas, - son de Zara, - Pues serán de Zara pero las llevas mu bien puestas. Más risas.



Ya cierran y recupero a Carlos, - te estaba buscando  ¿qué tal el rubio? - Anda, que me has visto, muy bien, un encanto, y tú. - Yo también muy bien y mira, lleva puesto un cinturón verde y beige, claro, de trenzas. Más risas. Es que le tengo que querer.
Regresamos a Madrid felices, este viaje ha sido amable, enriquecedor y sobre todo nos ha rejuvenecido una barbaridad, mis pies no sé si opinarán lo mismo pero por lo demás, vaya, que me quiten lo bailao, nunca mejor dicho, además hemos aprendido la diferencia esencial entre un trono y el tronío, y es que Sevilla es mucho Sevilla.




- Oye, que bajes que te dé lo que te debo (le he traído una camiseta de tirantes preciosa que en purpu color rosa chicle pone Siticky and Sweet)  - a ver... son X de los billetes, Y de las entradas pues serán X+Y- me quedo perplejo, le pago sin rechistar, pero eso sí la camiseta me la quedo, seguro que con el cinturón de trenza da mucho juego, y mejor no le cuento a este nada de momento, que hay que ver, siempre me sale la torta un pan. Va y resulta que tenía a la material girl arriba y yo sin enterarme, en fin, otra más.


XLV - Ciberia o la virtual intimidad del detalle




La ciencia, que ignorante, nos regala
los amigos tan amigos, más leales que virtuales,
conectados a la red de la ternura ilimitada,
a este abrigo de retazos cibernéticos
que tejemos día a día, tecleando
letra a letra, byte a byte, nuestro abrazo,
tan real
tan virtual
tan sincero


Bruno Kampel



La verosimilitud se encuentra en el detalle.

A. Chejov


El detalle otorga la prueba de la realidad, concretiza el relato imaginado o, exactamente, lo cose físicamente a sus pormenores. El valor del detalle tiene una doble adscripción: su pertenencia a la verdad por un lado y la simulación de lo verdadero por otro, tal como se hace en los buenos relatos literarios, en los ricos relatos musicales o en la pintura interesante.

Como cada agosto, una lluvia de meteoritos viene a visitarnos y nos regala un espectacular show estelar. Este año, el cielo tuvo a bien programarlo entre los días 11 y 18 de agosto a partir de las 22:00 h, que es una hora muy propia para este tipo de eventos, aunque el día cumbre será esta noche a partir de las 23.00. La principal atracción de este año es que no habrá luz lunar, lo que permitirá visualizar el fenómeno mucho mejor, sobre todo si nos alejamos de las luces de la ciudad. Ya sabemos que en esta Villa las calles, refulgen más y más a medida que la noche se traga a la tarde, como la tarde se tragó a la mañana y las estrellas se toman un moscoso, pactado por convenio con Iberdrola. La luna no se pronuncia que para eso hoy precisamente está bronceándose en una playa ultramarina.

Desde siempre los hombres y las mujeres, y quién sabe si los murciélagos y hasta los cocodrilos hemos venido observando en el cielo de Agosto esta cascada de estrellas fugaces llamada Perseidas. Aunque lo cierto es que se ha moderado mucho y en estos días tan poco proclives a la lírica presenta niveles de actividad normales, es decir, unas 100 estrellas fugaces a la hora, eso si elegimos un buen palco donde se vea bien y lo pillamos en su apoteosis, sigue siendo la favorita de los amantes, y no tan amantes, de la astronomía debido a lo atractivo que resulta salir al campo a observar el cielo estrellado en los meses de este verano tórrido, en el que el clima es un actor secundario y cincuentón.

Las Perseidas reciben este nombre porque su radiante punto imaginario donde se cortan las prolongaciones hacia atrás de los trazos meteóricos, se encuentra en la constelación de Perseo, aquel héroe que mató a Medusa y a su abuelo, a la una por amor, o porque era intransigente con su espantoso peinado, que hay estilismos que se lo merecen, y al otro por accidente, que hay que ver cómo les trataba el destino entonces a esos griegos, cosas de los dioses y las diosas, que no tenían televisor.

También suelen denominarse Lágrimas de San Lorenzo porque se celebra la festividad de San Lorenzo el 10 de agosto, que es también la noche de la fiesta de Lavapiés, dudo entre irme a ver las estrellas, sin segundas, o acercarme a Lavapiés, que está al ladito, abro mi blog, miro mis amigos y me encuentro la despedida de Ciberia, las casualidades se dan empujoncitos unas a otras como intentando ganar protagonismo ante las intenciones, que han perdido el norte, así que me decido por la cosa de la fiesta, con la vaga esperanza de encontrarla y poderle estampar dos besos y así agradecerle los buenísimos momentos que me ha hecho pasar este año.

Si Madriz se riza el tupé chulapo con una z, seguro que Victoria Kent ha tenido mucho menos que ver que Ciberia a la hora de darle "Colcrem", en ese detalle también coincidimos, es muchísimo mejor acabarlo con la z, sacando un poquitín la lengua, como con descaro cheli, y no esa d grandilocuente, que se queda amagada con pudor de gran dama en el quicio de los dientes, esa se queda para el barrio de Salamanca, o desterrada en las Rozas o en Montepríncipe, tan comedida y tan correcta, mi estética no me la permite, mi estética no llama precisamente a interpretar a una maestra de provincias. Así que hago acopio de la juventud que me queda, un poco en la ingle, y otro poco en la comisura de la boca, me pongo una camisa preciosa y excesiva de Custo, enfilo por la calle del Reina Sofía para abajo y bajo la cuesta con entusiasmo mientras cavilo sobre estas cosas de la amistad virtual.

El horizonte de una amistad virtual es racionalmente indistinguible. Nadie ni por asomo puede pronosticar el alcance de una amistad que se ciñe estrictamente a un monitor, tiene algo de insensatez y de aventura.

Un blog es un reducto de egocentrismo globalizado, el sonrojo de la discreción, un diario sin candado, una mesa de operaciones emocional, una memoria externa o la copia de seguridad de nuestros recuerdos relevantes. La seducción, la del blog, naturalmente, también, es mostrar y ocultar, qué si no, desalojar el pudor al aplauso, que pesa lo suyo. Por tanto la posibilidad de concretar un conocimiento de esta coctelera siempre me da cierto vértigo, por un lado la curiosidad y la confianza en mi criterio, que para algo uno ya atisba el medio siglo, por otro la incómoda manga ancha de mi optimismo, joder, con la ambivalencia, con eso de que soy libra me persigue desde que me recuerdo, otra vez las estrellas.

Compensará, la verdad a la larga siempre recompensa, es emocionante la verdad, te proporciona una sensación efímera de poder y placer, como un polvo rápido en el baño de un garito con un desconocido. Aunque la probabilidad de encontrarla entre tanta gente no deje de ser una más de mis descabelladas esperanzas, una excusa para volver a tomarle el pulso a este pedazo de Madriz que es como un puzle cuesta abajo, una ensalada de acentos y de colores, el mundo en una plaza, maravilloso y absurdo, metro, reza un cartel ¿habrase visto mayor despropósito?

La tarde se despereza en tonos anaranjados, que sientan tan bien a la cara, los atardeceres de Madriz son bellísimos y te pueden llenar los ojos de lágrimas como sólo sucede cuando algo te emociona de verdad, el contenedor rojo brillante con que han ampliado el museo se exhibe como un gigantesco regalo, es una enorme caja de charol rojo que pregona a quien quiera oírlo, lo precioso de lo que guarda, el color del amor y de lo prohibido, uno es lo bastante inteligente como para languidecer por los rincones del glamour.

Llego a la fuente, las gotitas que atomiza se agradecen, y se ve la verbena, una bofetada de olor a fritura: ¡gallinejas y entresijos!, la poesía se me trastabilla, hay rotundidades que no dejan lugar a la literatura, gallinejas y entresijos, en la época de la cocina desestructurada, de los fuás con puré de mango y cebollas moradas caramelizadas, en el siglo de Arzak y de Adriá, es como tropezar con la boca del túnel del tiempo, vísceras de cordero aviadas, fritas y refritas, en un cucurucho de papel de estraza con un buen puñado de sal, será muy castiza la cosa, pero la verdad es que no encuentro el valor suficiente para enfrentarme a semejante desafío.

Dos eméritas chulapas flanquean a una más joven con rasgos orientales, seguramente china y seguramente adoptada, que luce con el mismo salero que sus casticísimas acompañantes un espléndido mantón de Manila, mientras los africanos venden yeso como si fuera farlopa y los marroquíes venden henna como si fuera chocolate, hoy han dejado los bisnes y se dedican a jugar al bingo en una tómbola, el premio gordo es una televisión, una parejita devora un costillar de cerdo en un plato de plástico con un cubo de tinto de verano, a bocao limpio, señoras con cardados imposibles charlan animadamente con muchachos de piercings épicos, por lo que veo el amor fluye, será el beneficioso influjo de las estrellas. El amor verdadero es una especie en extinción, una leyenda urbana, algo de lo que todo el mundo habla pero nadie ha conocido.

Desde luego cuando lo ves ante tus ojos lo reconoces (y te mueres de envidia). Me siento en la última esquina, en un banco que no permite que me coloque en el extremo, casi me caigo al hacerlo, hago palanca y el lado opuesto se levanta y cae a plomo con un estruendo bastante escandaloso, el público de alrededor pierde un momento su atención a las montañas de calamares y patatas y me miran entre divertidos y compasivos, un percherón me pregunta si me he hecho daño y me da una lección de física elemental sobre palancas y distribución del peso, me adelanto y le cuento que las vistas, así, de soslayo, son mejores.

Mientras le ofrezco mi clara fresquita de litro, siempre fui de vísperas y algo excesivo cuando me asomo a un precipicio precedido por unos ojos rasgados y remarcados por debajo. Mientras suena la orquesta "contacto" y nuestra conversación discurre con desparpajo, nos levantamos y conforme nuestras palabras nos van descubriendo la verbena nos posee, disparamos botes sin éxito, nos reímos del destino de la flor en la frente de las chulapas, tan sola como un pulpo en un garaje, bebemos algunos tanques más, nos fumamos todas nuestras existencias de petards y bailamos hasta perder el contorno de nosotros mismos, me acompaña cuesta arriba, de regreso, un “nos vemos” que se quedó flotando en el aire un rato largo y que dejó, al desaparecer, un olor a ilusión chispeante. Me encantaron su dulzura, su sabor y su mirada triste, pero tuvimos que despedirnos ahí.

Al llegar a casa el felpudo donde me suelo sacudir la soledad sonríe cómplice, me quito la camisa de Custo que huele a fritura una barbaridad, seguro que esos humos han ayudado a que la capa de ozono parezca hecha de raso negro con el forro rojo, me doy una ducha rápida y refrescante y me siento al ordenador, el sonido de las teclas actúa de diapasón, que afina mis emociones. En el monitor una página azul ilusión con el texto que te metió en mi alma:


"Mi ombligo bostezó y de su boca salió un suspiro que huyó despavorido, yendo a parar a la superficie lunar y cóncava de mi axila, en cuyas paredes retumbó tres a cuatro veces dejando un olor intenso y dulzón. Luego de que el sol y la luna se cruzaran miradas ávidas de deseo me tumbé otra vez en la cama y me volví a quedar dormida".
¿Quién coño anda por el mundo con unos pies de gato puestos?


XLIV - Felo o la transparencia de la coca cola


...Y entonces, cuando las cosas ya estaban tan mal que parecía imposible que pudieran ir peor, los objetos empezaron a borrarse. Un día desapareció de golpe el árbol más añoso del Camino Real, otro día se volatilizó un lienzo de la muralla, una mañana se borró la escalera de piedra del campanario y para poder subir tuvieron que colgar escalas de cuerda. Era como si la falta de veracidad y solidez de las palabras hubiera contagiado a la materia. Había escudillas que desaparecían con su contenido de guisantes cuando el comensal iba a hundir la cuchara en el guiso, borceguíes que se desvanecían dejando los pies desnudos, espadas que se borraban en el aire justo cuando el guerrero se disponía a descargar un mandoble mortal. Grande fue el susto de las gentes ante estos prodigios, pero aún se asustaron mucho más cuando advirtieron que el Rey empezaba a transparentarse. Poco a poco, día tras día, el monarca parecía ir perdiendo su sustancia y afinando la masa de su ser, de tal modo que, sin adelgazar propiamente en sus carnes, sin embargo se hacía más ligero, se difuminaba, se iba clareando de través como una urdimbre demasiado raída por el uso, o como el humo que la brisa disuelve. Al principio, el Rey no advirtió las mudanzas que acontecían en su cuerpo, que en los comienzos eran sobre todo visibles con cierta perspectiva y a contraluz; y, como hacía tiempo que se había instaurado entre sus súbditos la costumbre de mentir, nadie osó decirle lo que sucedía. Cuando el monarca descubrió su estado, el proceso se encontraba ya tan avanzado que una mañana de deslumbrante sol, en el jardín de palacio, un mirlo aturullado se estrelló volando contra el pecho real, creyendo que el paso estaba expedito...


Rosa Montero - El Rey transparente.


Un material presenta transparencia cuando deja pasar fácilmente la luz. La transparencia es una propiedad óptica de la materia, aunque como el castellano es tan versátil también lo podemos aplicar al espíritu, así decimos que tal o cual es transparente, refiriéndonos a la ausencia de recovecos en sus intenciones, son esas personas a las que el alma se les asoma a la cara, y nos fiamos de ellas sin prevención, puesto que la transparencia, así considerada, es una garantía.

Claro, que habría que considerar si la cualidad de ser transparente es una virtud o por el contrario vendría a hacernos la vida más difícil, depende de la orilla en que la contemplemos, parecería que para el espectador es una virtud, no debe preocuparse de si hay gato encerrado, sin embargo puede que para el actor sea incómodo presentar sus cartas en toda circunstancia, quien más quien menos, intenta atemperarla según le convenga, exceptuando a algunos niños es muy extraño toparse en la vida de uno con personas transparentes de un modo absoluto.

No debemos confundir la transparencia con la invisibilidad, una cosa es dejar pasar la luz y otra muy diferente no ser visible, ser invisible es mucho más radical, como propiedad óptica es inaplicable a las personas y como atributo del alma es bastante triste, recuerdo esa canción del musical Chicago en que el marido de Roxie se lamenta de su poca importancia, y se llama a sí mismo Mr. Cellophan.

Al ordenar mis recuerdos en torno a las personas de mi vida, intento buscar en cada una de ellas un adjetivo que las defina, una emoción, una virtud o un vicio, voy desgranando mi memoria, y al aparecer mi infancia, nada feliz, casi no recuerdo niños, me parecían extraterrestres, sobre todo en el colegio, pero a él claro que lo recuerdo, fuimos inseparables durante todo el tiempo que estuvimos en los Salesianos, diez años, éramos muy parecidos en algunas cosas, sobre todo en nuestra total imposibilidad para comprender a los demás críos, y completamente diferentes en otras, yo tan de colores, que lo mismo era Superman que el Capitán Tan, y él, Felo, tan transparente.


Felo se llamaba, y se llama, Rafael Eduardo, pero es costumbre alicantina este diminutivo para los rafaeles, así que todos le llamábamos así y a él le parecía bien, la verdad es que a mi amigo casi todo le parecía bien siempre. En honor a la verdad éramos tres: Manolo, Felo y yo, "las vikingas" nos llamaban los idiotas de nuestros compañeros, probablemente porque éramos más altos y más niñas que el resto, ya nos hubiera gustado un apelativo con menos aes, los "tres fantásticos" o algo por el estilo, aunque la verdad es que se nos hizo callo, y precisamente por nuestra envergadura no se atrevían a decírnoslo a la cara.

Ninguno de los tres jugábamos al fútbol, ni a tirarnos piedras, éramos un cantón independiente, inventábamos juegos divertidísimos en los que éramos exploradores de África o del espacio, sacábamos buenas notas, Manolo no tanto, y en cuanto tuvimos edad quedábamos para ir al cine los domingos, lo veíamos todo, los Salesianos tenían un cine, no vayáis a pensar, y hasta una discoteca, con su teoría de que era mejor tenernos todo el rato bajo su tutela, no fuera a ser que nos descarriáramos, incluso a Felo lo distinguieron con el honor de ser el operador de la sala, con aquella máquina enorme en la que había que empalmar con acetona esas bobinas gigantes, no le pagaban ni nada, pero teníamos el privilegio de verlo todo desde la cabina, y cuando venía el "padre espiritual" a trillar alguna escena, que recortaba antes de la proyección, no encontrábamos el momento de quedarnos a solas para pasarlas una y otra vez, a veces no comprendíamos el propósito de la mutilación, porque después de verla y volverla a ver no encontrábamos nada que nos pareciese interesante, huelga decir que las cintas que llegaban eran de lo más decente, la mayoría del oeste o esas espantosas de Fantomas, pero si había alguna escena un poco subida de tono, venía DonJoseLuisRoncal, y le atizaba un tijeretazo.

En esas sesiones fue cuando supe que un torso de un romano me ponía más que un escote de una vedete, viendo Ben Hur o Espartaco me di cuenta de por dónde iban los tiros. Pobrecitos los Padres Salesianos, si ellos hubieran sabido... Pero claro no era cuestión de fusilar la carrera de los aurigas por mucho que le pusieran a uno sus vástagos.

A la discoteca del colegio no íbamos, era una estupidez, aquellos catorce-quinceañeros con esas niñas con sus Sevago y sus Levi's de pana, que los coleccionaban, y había que tener unos de cada color, se divertían de un modo que a nosotros nos parecía insulso.

Teníamos amigas, claro, una vez que dejaron de parecernos marcianas, incluso más que los demás, se podría decir que teníamos un éxito considerable, una cosa blanca e infantil, a Manolo le gustaban las chicas, a mí me divertían, y Felo, aparentemente no tenía ninguna necesidad al respecto.

Una tarde les conté a mis amigos lo de mi afición por los romanos, Manolo me dijo que no lo probaba porque lo mismo le gustaba, que estaba muy necesitado, y Felo, sonriendo, me contó que ya lo sabía, y que le parecía que cada cual era cada cual, y no le dimos más importancia.

Mi amigo tenía la piel transparente también, exhibía una palidez extrema todo el año, tan largo y tan blanco, con unos ojos azul muy claro, realmente parecía escandinavo, siempre le dolía la espalda, tenía ciática, tan joven, y el médico le recetó tomar el sol en el culo, así que nos íbamos los tres a una zona de rocas donde se podía prescindir del bañador y le acompañábamos en su terapia de sol intensivo.

Ya éramos mayores, diecisiete o dieciocho años, acabábamos de terminar el colegio, llegábamos a las rocas, nos desnudábamos y enseguida comenzaban a rondarnos, pasábamos olímpicamente, a ellos plim, y un servidor, que aún era muy tímido no veía nada que le motivara lo suficiente, nos pusimos morenísimos, bueno, Felo se puso rosa, no le cogía el bronceado, hasta que un día, casi al final del verano, pasó por nuestro lado dos o tres veces un Adonis que al mirarme sonreía, así que venciendo mi pudor, me excusé con una bobada, voy al chiringuito a por unas coca colas, y seguí el reclamo. Tal y como imaginaba aquello fue coser y cantar, lo de ir desnudo ayuda mucho, así que después de un primer escarceo fui a recoger mi ropa y a despedirme, oye que he ligado, que me voy, mañana nos llamamos, vaya suerte, si es que los de vuestro rollo lo tenéis más fácil, Manolo alborozado, Felo, que nunca pedía nada esta vez lo hizo, trae la coca cola por lo menos, que te he creído y tengo la sed multiplicada.

Aquel primer ligue fue la caja de Pandora, una vez vencido el pudor inicial, comencé a dar rienda suelta a mi libido, Alicante comenzaba a abrirse tímidamente y habían inaugurado dos, tres sitios donde un chico como yo podía buscar guerra sin ningún problema, amplié mi círculo y además de algunos amantes encontré algún amigo, y conforme mi vida se fue distanciando de la suya, el trío de vikingas se fue difuminando, no hubo ningún suceso extraordinario, no ocurrió nada extraño, sencillamente poco a poco fuimos espaciando los encuentros y solo nos veíamos de vez en cuando.

Luego salí al mundo, primero a Tenerife, la mili, la isla, luego Madrid, con todo aquel burbujeante movimiento de los ochenta, cuando regresaba a Alicante a veces les veía, Manolo con su carrera de medicina, sus novias y su capacidad de asombro, Felo con esa lánguida tristeza, nos alegrábamos de vernos, aunque cada vez fuera más de cuando en cuando, una noche que habíamos quedado los dos solos, después de alguna copa y algún porro me pongo tierno y le digo que pase lo que pase siempre seremos amigos, que por qué se retira tan pronto, que se venga de marcha, él me mira, con esa sonrisa beatífica y me dice, anda vete de marcha y antes, por favor, tráeme una coca cola.

Llevaba como un año sin verles, Londres, Madrid, París, la agencia..., cuando iba a Alicante, una o dos veces, no encontraba el momento, me llama mi hermano, que he visto a Manolo y me dice que le llames, me ha pedido tu teléfono, pero no llevaba la agenda encima.

- ¿Manolo?
- Hoooooola Lou, tenía ganas de hablar contigo...esto...te quiero preguntar una cosa.
- ¿Me asusto?
- No, no no no, ¿Te ha pasado algo con Felo?
- A mí no, por qué.
- ¿Sabes que se casa?
- ¿Que se casa? No me lo puedo creer, no, no me ha dicho nada nadie.
- Pues se casa el sábado, y me extraña que no te lo haya dicho, le llevé las invitaciones a correos y vi que no estabas.
- Gracias, luego te llamo.

Pienso en llamarle, pero estoy tan sorprendido, ni siquiera sabía que tuviera novia, si yo creía que el pasaba de esas cosas, decido plantarme en Alicante e ir a verle. Dicho y hecho.

- ¿Felo?
- Sí, soy yo, quién es.
- Soy Lou ¿Ya no me conoces?
Silencio
- Oye ¿Te pasa algo conmigo? Te casas y no me has dicho nada.
- Ya, perdona, pero es que como no estás nunca, que siempre estás por ahí....
- Felo coño, tú nunca mientes, ¿qué te pasa? No me digas que nada, que yo te conozco perfectamente.
- Si me conoces perfectamente sabrás que a mí no me gusta la coca cola
- ¿oye? ¿Oye?
piiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii


Viaje en balde, no fui a la boda, ni le vi, no hubo manera, en fin, por lo menos les di unos achuchones a mis padres....
Hace nada mi hermano me pregunta, - oye ¿te pasó algo con Felo? le vi en el médico el otro día e hizo como que no me conocía, está igual de blanco y de largo, hombre, ha pasado el tiempo, pero seguro que era él.- nada nano, no te lo creerás, pero fue todo culpa de la coca cola.